En la anterior entrada conocimos un poco más en profundidad a un espléndido árbol, el chopo temblón, que habita nuestra sierra. Hoy quería detenerme a conocer a unos grandes olvidados del mundo forestal. En realidad se trata de una heterogénea familia de plantas que suele englobarse bajo diferentes nombres comunes como arbustos, arbolitos o, en el peor de los casos, maleza.
No hay nada tan denostado y poco valorado como los arbustos. Aunque la ciencia medioambiental y forestal reconocen su utilidad y necesidad, el saber popular los relega al triste papel de molestia o adorno prescindible. Hasta aquí poco podríamos objetar, mas que pedir mayor comprensión a la gente lega en la materia y mayor difusión del papel valiosísimo que juegan los arbustos en los ecosistemas forestales y preforestales. Desgraciadamente existe la manía, por no denominarlo de otra manera, de considerar a los arbustos poco menos que enemigos declarados del bosque, a saber, por su incidencia en los incendios forestales. Hablar de este tema daría para una tesis y no es el objeto de este artículo.
El papel que juegan los arbustos en un incendio forestal está aún lejos de aclararse. No todos los arbustos tienen la misma composición química ni las mismas características respecto al efecto que producen las llamas en sus estructuras leñosas y hojas. Lo que está claro que en cierta medida la creencia popular le atribuye el que los bosques se calcinen más rápidamente cuando el fuego entra en el bosque. Concedamos, por un momento, la razón a este grupo de personas y procedamos a "limpiar" nuestros bosques de estos indeseables elementos altamente inflamables. ¿qué obtendríamos entonces? Básicamente esto que vemos en la siguiente fotografía.
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| Bosque joven de pino albar (Pinus sylvestris) en el Candelar de Linares de Mora |
Parece un bonito bosque de pinos jóvenes; pero en realidad se trata de un bonito desierto de pinos. Quizás alguno se eche las manos a la cabeza: que barbaridad! llamar desierto al bosque! Lamentablemente es lo que es. Un bosque sin arbustos, sin sotobosque (hermosa palabra, por cierto), no deja de ser un desierto. Al carecer de sotobosque no hay escondites, refugios, protección térmica y lo más importante: comida. Si señores, el alimento en un bosque es altamente necesario ya que muchas especies animales dependen de los frutos que produce un bosque para vivir. En mis investigaciones por los bosques de la Sierra de Gúdar he podido comprobar como la mayor y mejor densidad de animales se da en bosques maduros con sotobosque desarrollado. Sin sotobosque animales como la güina (Garduña para los que no son de la zona) o los corzos no pueden sobrevivir. Veamos, por tanto, algunos de los arbustos que pueblan nuestros mejores masas boscosas y dónde podemos encontrarlos.
El cerecillo o madreselva pilosa (Lonicera xylosteum)
Este pequeño arbusto caduco no trepador suele acompañar al pino albar en los bosques más desarrollados y maduros de las zonas húmedas. Para mi es indicativo de un bosque bien estructurado y sano. Produce unas bonitas flores amarillentas que más tarde se transforman en bayas de color rojo intenso, tóxicas para los humanos pero que hacen la delicia de muchas aves.
Realmente un bosque con madreselvas pilosas en flor, con fruto o con sus hojas amarillas rosadas en otoño después de la lluvia es maravilloso. Propio de bosques húmedos altimontanos. Para verlas podemos pasearnos por las faldas de la sierra del Monegro entre Linares y Valdelinares o en Peñas Rubias de Gúdar entre otros lugares.
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| Lonicera xylosteum con frutos en el valle de Sollavientos en Allepuz |
Grosellero alpino (Ribes alpinum) y Grosellero uva-espino (Ribes uva-crispa)
Estos dos pequeños groselleros crecen en la zona central de la sierra de Gúdar normalmente por encima de los 1600 msn. El área de distribución va desde la Val de Sollavientos pasando por la Zaragozana y todas las laderas de los montes de Valdelinares hasta el Monegro. Parece tener preferencia por suelos pedregosos de laderas y fondos de valle de suelos débilmente calizos o arenosos en exposiciones semirresguardadas y con bastante precipitación. Suelen acompañar a los pinos albares; pero en ocasiones crecen en formaciones de prebosque de zonas taladas para pastos. Las grosellas son un recurso importantísimo para las aves, también comestibles para nosotros los seres humanos. Hay que destacar que el sabor del grosellero espino es mucho mejor que el de las grosellas alpinas que suelen ser insípidas.
Agracejo o agrillo (Berberis sp.)
Acompañando a los groselleros en zonas más pedregosas, ventosas y secas aparecen los agracejos. Sus frutos son rojos o morados y los arbustos están jalonados de espinas muy punzantes y abundantes. Los pastores suelen arrancarlos y con ello privan, sin saberlo, a las aves de comida.
Pudio de los Alpes (Rhamnus alpina)
Arbusto grande muy ramificado desde el suelo, de hojas parecidas a las del carpe. Tiene unos frutos negros tóxicos para los humanos; pero no para las aves. Crece en los alrededores de Valdelinares en zonas rocosas calizas y parece evitar las arenosas con ph más ácido por lo que no comparte hábitat con los groselleros normalmente. Puede crecer en zonas de prebosque y en claros de bosque de toda la zona por encima de los 1700 msn. Requiere humedad en el suelo. La subida al Hornillo hecha desde el pueblo nos brinda la oportunidad de ver grandes ejemplares de Pudio en la ladera sur.
Enebro (Juniperus communis)
Es sin lugar a dudas el arbusto más emblemático que acompaña a los bosques de coníferas montanos y subalpinos. Además es capaz de encaramarse a las altas cumbres y formar el límite arbóreo en la zona alpina de las montañas más altas de Europa.
En nuestra sierra podemos encontrar tres formas o variedades, aunque no todos los autores las reconocen ni personalmente me satisface esta clasificación, a saber: La forma común de porte cónico, una forma intermedia conocida como hemisphaerica de forma cónica redondeada postrada y por último la forma postrada o rastrera clasificada como alpina.
La forma más cónica la encontramos en zonas montanas intermedias, mientras que la postrada-redondeada es própia de toda la zona de Gúdar que está por encima de unos 1600 metros llegando hasta las cumbres. Finalmente la subespecie o variedad alpina es de porte totalmente rastrero y tiene la peculiaridad de medrar en suelos poco calizos o silíceos. Debido a la escasez de este tipo de suelos es una variedad muy rara en la zona que sólo se localiza en las inmediaciones de Valdelinares en sustratos arenosos.
Conífera totalmente rastrera que forma alfombras circulares y que suele aparecer en orlas boscosas, márgenes de bosques y claros sobre sustratos calizos o neutros por encima de los 1700 msn. Típica de la alta montaña continental de Eurasia. Se trata del arbusto más emblemático de la sierra de Gúdar. Altamente tóxico y de olor penetrante a alcanfor cambia de color, como la mayoría de coníferas de la alta montaña, del marrón pálido en invierno al verde claro en verano. Suele crecer en lugares donde la nieva es barrida por el viento, por lo soporta fuertes heladas y vientos fríos descantes.
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| Juniperus communis hemisphaerica en Valdelinares |
En nuestra sierra podemos encontrar tres formas o variedades, aunque no todos los autores las reconocen ni personalmente me satisface esta clasificación, a saber: La forma común de porte cónico, una forma intermedia conocida como hemisphaerica de forma cónica redondeada postrada y por último la forma postrada o rastrera clasificada como alpina.
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| Juniperus communis alpina en las inmediaciones del Conventillo en Valdelinares a casi 2.000 msn |
Chaparra o sabina rastrera (Juniperus sabina)
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| Juniperus sabina en Valdelinares |
Tejo o Tajo (Taxus baccata)
Arbusto mediano o grande con forma cónica o redondeada de hermoso porte y color verde brillante. Esta preciosa conífera es altamente tóxica. Crece en hondonadas, barrancos y lugares con alto grado de humedad ambiental en zonas boscosas poco alteradas umbrías. No soporta ni la sequía, la falta de humedad ambiental, las heladas fuertes, los vientos desecantes o los calores rigurosos. Estrictamente protegido sufrió mucho en el pasado por considerarse indeseable ya que es muy venenoso también para el ganado. Es relativamente abundante en todos los barrancos de la sierra del Monegro (vertiente sur y norte). También está presente en todos los bosques maduros de la sierra de Gúdar que dispongan de barrancos o zonas abrigadas.
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| Taxus baccata en Valdelinares |
Acebo o Grévol (Ilex aquifolium)
Arbusto siempreverde de hojas variables de muy punzantes a lisas, coriáceas verde brillantes por el haz, mates por el envés. Sus rojos frutos son tóxicos pero son del gusto de las aves que pueden comerlos sin peligro.
Se trata de un arbusto que tiene requerimientos similares al tejo y, en muchas ocasiones suelen aparecer juntos. Prefiere la sombra de árboles altos y zonas de fríos poco intensos, ya que no soporta las heladas extremas, el viento o el fuerte calor. Buenas manchas de acebo pueden encontrarse en los bosques de Peñas rubias en Gúdar, en el acebar de Fortanete, en el barranco de Gisbert de Mosqueruela o en otros lugares abrigados. Se mezcla tanto con pinos como con quejigos o encinas. Su límite altitudinal está en unos 1.500 msn. Especie protegida.
Junto con estos arbustos podríamos encontrar muchos más hasta alargar la lista en unas decenas de especies de más. Ciertamente la riqueza de arbustos de la sierra de Gúdar es destacable.
En próximas entradas dedicaremos artículos a arbustos tan valiosos y poco comunes como el Evónimo o bonetero (Evonimus latifolius), Aligustre (Ligustrum vulgare), Torvisco alpino (Daphne mezereum) y Griñolera o níspero alpino (Cotoneaster integerrimus). Junto a estas rarezas también veremos otros arbustos más comunes como el Espino albar (Crataegus monogyna), las rosas o calabardos (Rosa sp.), avellanos (Corylus avellana), endrinos (Prunus spinosa) o el Azarollo de los cazadores (Sorbus aucuparia) entre otros.
Sin lugar a dudas la sierra de Gúdar es todo un espectáculo para los amantes de las plantas arbustivas.
Se trata de un arbusto que tiene requerimientos similares al tejo y, en muchas ocasiones suelen aparecer juntos. Prefiere la sombra de árboles altos y zonas de fríos poco intensos, ya que no soporta las heladas extremas, el viento o el fuerte calor. Buenas manchas de acebo pueden encontrarse en los bosques de Peñas rubias en Gúdar, en el acebar de Fortanete, en el barranco de Gisbert de Mosqueruela o en otros lugares abrigados. Se mezcla tanto con pinos como con quejigos o encinas. Su límite altitudinal está en unos 1.500 msn. Especie protegida.
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| Enorme acebo (Ilex aquifolium) del bosque de Peñas Rubias en Gúdar. Se trata de un ejemplar catalogado como árbol monumental por el gobierno de Aragón. |
Junto con estos arbustos podríamos encontrar muchos más hasta alargar la lista en unas decenas de especies de más. Ciertamente la riqueza de arbustos de la sierra de Gúdar es destacable.
En próximas entradas dedicaremos artículos a arbustos tan valiosos y poco comunes como el Evónimo o bonetero (Evonimus latifolius), Aligustre (Ligustrum vulgare), Torvisco alpino (Daphne mezereum) y Griñolera o níspero alpino (Cotoneaster integerrimus). Junto a estas rarezas también veremos otros arbustos más comunes como el Espino albar (Crataegus monogyna), las rosas o calabardos (Rosa sp.), avellanos (Corylus avellana), endrinos (Prunus spinosa) o el Azarollo de los cazadores (Sorbus aucuparia) entre otros.
Sin lugar a dudas la sierra de Gúdar es todo un espectáculo para los amantes de las plantas arbustivas.










